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Posts Tagged ‘Segundas partes’

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patito, patito color de café…
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El patito feo acaba bien para quien no es pato o cisne, o para cualquiera que no este involucrado en el cuento. Después de todo nadie piensa en ese pato después del último punto del cuento. Apenas pasamos ese punto, se nos embute una moraleja y un “colorín colorado, este cuento se ha acabado”. ¿Y el pato?

El pobre pato ahí queda, ni pato ni cisne, todo indefinición todo desencanto. De pato a cisne en 2 migajas de pan, ¿alguien espera que no desarrolle un trauma de los buenos? Vaya vida que le espera, nadando a orillas del lago, con sus costumbres de pato y su nueva realidad de cisne. Los patos ya no lo molestan, ahora es trabajo de los cisnes. ¿Cómo es que un cisne con modales de pato puede entrar en la sociedad tan pretensiosa así, sin más? La pobre criatura creyó que salía de un infierno, y que ese solo hecho lo incorporaba al paraíso, pero siempre hay que salir de un infierno para poder entrar a otro. La única criatura que salio beneficiada de esta historia es la rana psicóloga del charco donde nadan los cisnes, pues de pronto su calendario de consultas no daba abasto para el pato travesti recién llegado.

Seguramente el pato mal venido a cisne extraña a su pata madre. Ningún cisne puede o quiere, hacerse llamar su madre, por Dios, quien sabe de que huevo habrá salido… Es un cisne, si, pero uno muy raro, casi… ¡un pato! ¿De donde salió? y sus costumbres, ¡que cosa! Cierto que los cisnes no graznan de modo celestial, pero este pobre… estaría mejor de platillo central en algún restaurante chino. Es la verdad, debió de quedarse en su parte del lago, cisne no sólo se nace, se crece.

Así, el cisne que es pato, y que nunca debió ser algo, se ve despreciado por todos. Hans Christian Andersen, tiene su cuento con moraleja, pero ¿y el pato? ¡El pato! Mejor le hubiera ido como consomé, ese maldito danés con nariz de ganso…

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Una vida de humillaciones, una vida de rechazos. Al menos entre los patos su mamá lo quería, acá no es feo pero es extraño, le temen. Es un inmigrante y en realidad no tiene muchas opciones, ¿amigos? De esos no va a tener pronto, pero él conoce lo mejor de dos mundos, y como aprendió, lo mejor no necesariamente es lo bueno. Aprendió como ser malo, conoce trucos que nadie sabe y ya tiene una imagen que sobresale donde sea. El pato pronto aprendió que, de entre los caminos de la vida él ya había pasado por dos, el bueno, el malo, y ahora le faltaba recorrer el correcto. Su exilio lo llevó a ver el mundo y pocos lo conocían como él. Poder, eso es lo que tenía…

Poco trabajo le costó asociarse con la baja sociedad del lago, renacuajos y arañas primero, ratones mojados y mapaches exiliados después; poco tiempo le tomó hacerse del control del mismo, muy pronto la policía lacustre comía de las migajas que el dejaba. Sus aventuras por el mundo le redituaron en un contacto con la mafia felina de los alrededores, nadie se atrevía a meterse con el pato guapo que termino siendo un cisne feo. El padrino del lago, nada ocurre sin que el pato que reina sobre los cisnes, y todo lo demás, lo sepa. Tiempo después, incluso los humanos que remaban ahí los 14 de febrero aprendieron que había que llevar tributo. Al fin tenía el respeto que siempre le negaron.

Aunque las hembras cisne se le arrojaban a las patas, él se acabo casando con la princesa de los patos. Ella le dio 3 huevos, cada uno contenía a un pato mas feo que el otro. Él no podía ser más feliz, su dinastía estaba asegurada.

Durante un tiempo los gatos engordaron, sus detractores desaparecieron. Cuando la estabilidad fue alcanzada, el pato se convirtió en un gobernante justo y en un padre devoto, días antes de su muerte sus hijos le comentaron como Hans Christian Andersen habría muerto en su cama por “causas desconocidas”. El pato murió feliz sabiendo que había hecho con su vida más que lo que le marcaba el destino.

La leyenda del pato feo que reino sobre los guapos con ala de hierro y un toque de esquizofrenia, sigue viviendo y la estatua de Hans Christian Andersen en Copenhague es un baño público para las palomas.

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Moraleja: Las historias no siempre acaban en el último punto.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Así debió ser siempre.

No es para tanto.

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