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Posts Tagged ‘Naturaleza’

thinkertoilet

Sir Thinkalot

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Qué tanto tiempo necesita una persona para recapacitar acerca de que: algunas de las cosas que, damos por sentado, son normales, así han sido y así deberán seguirlo siendo; son completamente absurdas.

Se necesita un gran cerebro para deducir que la mejor forma de deshacernos de la inmundicia -tamaña palabrota- es echarla al agua… Misma que la llevará a donde haya ¡más agua! Total, no la podemos beber toda después de todo, y no es como si fuéramos maquinas de hacer excremento -¡jur!- claro. Pero después de 1,000 maquinas de inmundicia pasamos a 10,000 y a 100,000 y  así nos la gastamos; de pronto:  “el agua sabe raro mami” y “¡ah joder! pues que el mar no era azul en Veracruz”.

La inmundicia, claramente, está en otro lado, no en lo que tiramos en el inodoro para que convenientemente nos lo aleje unos cuantos kilometros. Dicen por ahí:  “Do not shit were you live” ¿o es eat, o  quizá drink?,  y eso ahora es poco más que un albur pues prácticamente cagamos en todos esos lugares. Seguramente si han ido a una playa ya han nadado en la inmundicia ajena y, quién sabe, quizá en la propia: “¡Hey! Mira, la cena de ayer…”.

Soluciones como este inodoro o váter, como a unos les gusta decir, separador de orina son lo más inteligente a lo que hemos llegado en estos tiempos; la decepción y el desencanto sobre todo, son inevitables. Pero ya es un progreso. La orina contiene según dicen 80% de los nutrientes que se pueden hallar en los excrementos humanos, que además son ricos en nitrógeno fósforo y potasio haciéndolos un gran fertilizante… ¡Así es! se pueden usar como sustituto de los fertilizantes industriales que ahora son tan inmundamente caros, ¡quien diría!… inmundo cobrar por algo que naturalmente se le da de comer a fuerza a los peces.  Hablemos de mundicia.

Después de todo si los chinos ya lo usan…

No es para tanto

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jijiji
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En este mismo momento mi cuenta bancaria esta desbordada con 3.60 pesos, algo así como .30 centavos de Dólar.  Diría que es culpa de mi despilfarro de dinero y del desden que tengo por el mismo, lo tenga o no. Pero la realidad es que el ventarrón tan afamado que recorrió la ciudad hace dos días tiene más que ver en esta situación que mi desprecio por el ahorro, más o menos.

Después del acontecimiento eólico las cifras se dispararon como es costumbre en la prensa. Primero había varios muertos, niños desaparecidos, casas arrancadas de sus cimientos y vacas voladoras; poco después los reportes eran de media ciudad sin luz y crimen sin control en las zonas sin corriente eléctrica; unas horas más tarde el crimen parecía no estar tan desenfrenado y el apagón parecía haber afectado sólo a un tercio de la ciudad. A los dos días la ciudad y la prensa ganaron sensatez y control de si mismas y ya pudimos enterarnos de cifras y datos más serenos, concretos y razonables. Resulta que los que se quedaron sin luz no fueron ni un tercio de los usuarios de la ciudad y que el crimen se comporto como siempre -buenos chicos malos-.

La ONU por medio de alguno de los múltiples voceros con los que cuentan sus variados organismos declaro hoy que el viento desenfrenado este es un reflejo de lo que se nos viene encima gracias al cambio climático.

Sólo estoy esperando que la arquidiócesis de México declare que Dios esta resfriado y que hará una colecta millonaria para comprar Kleenex divinos y un poco de té de limón. 

Dentro de todas las tragedias que pudo o podrá traer este ventarrón infame, por desgracia, hoy se cuenta una más, una de particular importancia para mi. Una de las zonas en las que se fue la luz, aparentemente, fue donde se encuentra mi cliente favorito, el único en estos momentos, así que no le fue posible hacerme una transferencia bancaria con mis honorarios. Aparentemente hoy ya se realizó, pero el daño ya esta hecho. La ventisca desgració por completo mi sistema financiero.

Los medios dicen que ya todo esta normal, después de dos días. Las cosas seguirán su curso y el cheque llegara eventualmente, curiosamente no hubo líos con los recordatorios amables del teléfono que pide lo pague y de las tarjetas de crédito que, curiosamente, también piden ser pagadas. Tal vez si el viento soplara más fuerte…

No es para tanto.

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