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Posts Tagged ‘Escritura’

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Definitivamente hacer el asunto del multitask acaba pasando factura después de un tiempo y más en ciertos casos. El ultimo post que hice en este blog por ejemplo, termino por destruir mi racha de varias hojas escritas en un proyecto mío, justo el proyecto por el que comencé a escribir el blog.

De pronto, escribiendo, se me ocurrió la idea para publicar un post, apenas terminé el párrafo que escribía deje de lado mis hojas y mi pluma, abrí mi laptop y me puse a escribir lo que sonaba a una buena idea para la siguiente entrada del blog, de pronto ya no estaba sólo anotando la idea, le estaba dando forma e incluso buscaba ya hasta las imágenes que debían acompañarla. Pronto me di cuenta que iba tan bien que decidí pasar mi trabajo previo a otro nivel en mi cerebro, lo seguiría procesando, y después, apenas acabara con el post, regresaría a escribir las ideas que por ahora se desarrollaban en paralelo y lentamente, a diferencia de hace unos minutos, con las del blog, que por el contrario salían como locas de mi cabeza.

Post terminado. Ok, es hora de volver al papel y la pluma. Se en qué me quedé y también se como es que lo planeo continuar, incluso tengo las primeras frases, esas que estuve mascando mientras tecleaba frenéticamente, en la punta de la pluma y salen como rayo. Acabando de escribir el primer punto y seguido y estoy listo para seguir… estoy listo, continua… bueno vamos que iba muy bien, no puede ser que ahora no sepa qué escribir. ¡Maldición! Resulta que si puede ser.

Bueno, así pasa luego, ¿qué tal un cigarrito? bueno, y algo de tomar para ayudar a la inspiración. Hay que ir al balcón, no creo prudente apestar la casa y mi cuarto tampoco, si lo hago, el gato me lo reprochara. Bien ya que andamos en los recesos en busca de la creatividad, hagamos que el vaso con refresco se vuelva una cerveza fría, listo, una vez armado una silla y al balcón. Me acabo el cigarro y regreso a escribir, o ese es el plan. Pero no, hoy no, hoy me acabo el cigarro y prendo otro pues mi mente sigue tan en blanco como cuando encendí el primero. De pronto media cerveza ya se fue y parece tiempo de prender otro cigarrillo antes de que comience a fumarme la colilla del que tengo en las manos ¿ayudara fumar plástico al atascon creativo? mejor prendo otro nuevo. Ya se fueron tres, bueno esta grave, regreso con los restos del tercer cigarro en la mano todavía prendidos a mi escritorio, me siento, levanto mi pluma y vuelvo a leer la ultima hoja que escribí, ¡nada! De regreso al balcón, ya no quiero más cigarros, pero otra cerveza estaría bien, la cosa es que esta era la ultima, a la tienda. Y bueno, ya que hay que salir mejor voy al centro comercial, por un helado y al cine, es un día perdido para el trabajo, no hay porque perderlo en otros aspectos, quien sabe quizá camino al cine lleguen las ideas y tenga que regresar corriendo a casa a escribir de nuevo, ojala. Por lo pronto este post lo escribo después de la siguiente sequía y no durante la producción el otro frente, hay otras cosas en las que me sirve el multitask, comprobado esta que en esto no.

La cosa es que me perdí en el estilo del blog, y no pude regresar al otro, no tanto un bloqueo, más bien di la vuelta en el retorno equivocado.

No es para tanto.

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Yes Drill Sergeant!

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Hago esfuerzos y sigo haciendo, pero no puedo recordad que algún profesor mío me hubiera gritado por razón alguna, quizá es por eso que recuerdo tan vividamente aquel día.

Ahí estaba, Ricardo Aretia Gutiérrez en su nueva escuela, recién transplantado -con poco éxito- al cuarto grado de primaria, en el grupo del maestro David. Primer día de clases, lunes ni más ni menos, hay que hacerle honores a la bandera, estos duran apenas lo suficiente para que los niños del grupo noten al extraño que se ha colado en sus filas. Entrando al salón de clases ya estoy mareado de tantas miradas que se han paseado por toda mi escueta, y en ese entonces pequeña, humanidad. Ningún nuevo curso en la escuela puede empezar sin que todos se conozcan, así que…

– Haga favor de pasar al frente -joder, ahora me van a hacer presentarme, me limito a obedecer y a maldecir para mis adentros-. Este es Ricardo Are… Arre… ¡Arete! – madres ¿y este tipo enseña a leer?

– Aretia -dije, dispuesto a ayudar.

– ¡Ah! Si, Aretia. Va a estar con nosotros a partir de hoy.

Debió dejar que yo me presentara. Ahora tengo un nuevo apodo, al menos hasta que a alguien se le ocurra ponerse original.

-Vaya a sentarse. -De nada profesor-.

Ya en el banco, el maestro decidió que seria bueno aplicarnos a la tarea más común, desgastante y preferida de toda la primaria, el dictado. Saqué pluma, papel y ya me preparaba para la verborrea venidera, hice bien, pues apenas había puesto la pluma sobre el papel tuve que escribir como loco para mantenerme al paso del degenerado ese. Justo como lo había notado desde que entre a esa escuela, a este maestro, como a todos los demás, también le gustaba pasearse cual Sargento entre los bancos de los alumnos viendo que se copiaran sus palabras tal cual.

Todo relativamente bien hasta ahí, considerando que me encontraba en una dictadura escolar, sin paralelo en mi vida, pero no sabía lo que iba a venir. En sus paseos de pronto se detenía y preguntaba a algún incauto infeliz que recitara la ultima frase del dictado, si sospechaba que hablaba con un indisciplinado del dictado le pedía que dijera al grupo el ultimo párrafo. Imagino que al ser nuevo, el maestro no tenia razón para dudar de mi desempeño, así que no me pidió leer nada, pero cual fue mi sorpresa cuando el Sargento decidió darse una vuelta por mi banco.

– ¡Que es eso! – mierda, ¿cómo que? pues lo que esta dictando- ¿Por qué escribe así de pequeño?

Vaya ganas que tenía de reventarse una cuerda vocal, nunca algún maestro me había gritado de tal modo y seguramente nadie me había gritado por tamaña pendejada… la letra pequeña.

– Así es mi letra maestro.

– ¡No! Así no se escribe, quiero que su letra sea más grande. ¡Grande! – se quedó ahí parado hasta que hice la letra de un tamaño que a él le agradara, aparentemente el tamaño que el 4to grado de primaria del maestro David debía usar, o de eso me convencí nada más para no sentir que era algo personal -.

Algunos años más y hubiera seguido escribiendo con una letra diminuta hasta que me llevara a la dirección de la escuela quejándose de mi indisciplina, otros tantos y le hubiera contestado con el mismo tono de voz. Pero siendo un moco sin experiencia en histeria caligráfica, pensé que obedecer era la mejor opción, eso y necesitaba que se callara nada más para que no se me salieran las lagrimas de coraje.

Mi letra entrando al Liceo Mexicano Japonés era muy linda. Alguna vez en mi escuela anterior vi un cuaderno de un amigo mío que cursaba la preparatoria, letra pequeña en tinta azul, apuntes de prepa, en hojas de cuadricula chica, dos letras por cuadro, espacios entre palabras de medio cuadro, me acuerdo de esto pues fue el molde que necesite para mejorar mi, hasta ese momento, horrible caligrafía. Pero entonces llegó el cretino intolerante mal cogido de David. Adiós bonita letra, nunca una letra bonita mientras escriba cosas que no me interesaban.

No es para tanto.

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patito, patito color de café…
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El patito feo acaba bien para quien no es pato o cisne, o para cualquiera que no este involucrado en el cuento. Después de todo nadie piensa en ese pato después del último punto del cuento. Apenas pasamos ese punto, se nos embute una moraleja y un “colorín colorado, este cuento se ha acabado”. ¿Y el pato?

El pobre pato ahí queda, ni pato ni cisne, todo indefinición todo desencanto. De pato a cisne en 2 migajas de pan, ¿alguien espera que no desarrolle un trauma de los buenos? Vaya vida que le espera, nadando a orillas del lago, con sus costumbres de pato y su nueva realidad de cisne. Los patos ya no lo molestan, ahora es trabajo de los cisnes. ¿Cómo es que un cisne con modales de pato puede entrar en la sociedad tan pretensiosa así, sin más? La pobre criatura creyó que salía de un infierno, y que ese solo hecho lo incorporaba al paraíso, pero siempre hay que salir de un infierno para poder entrar a otro. La única criatura que salio beneficiada de esta historia es la rana psicóloga del charco donde nadan los cisnes, pues de pronto su calendario de consultas no daba abasto para el pato travesti recién llegado.

Seguramente el pato mal venido a cisne extraña a su pata madre. Ningún cisne puede o quiere, hacerse llamar su madre, por Dios, quien sabe de que huevo habrá salido… Es un cisne, si, pero uno muy raro, casi… ¡un pato! ¿De donde salió? y sus costumbres, ¡que cosa! Cierto que los cisnes no graznan de modo celestial, pero este pobre… estaría mejor de platillo central en algún restaurante chino. Es la verdad, debió de quedarse en su parte del lago, cisne no sólo se nace, se crece.

Así, el cisne que es pato, y que nunca debió ser algo, se ve despreciado por todos. Hans Christian Andersen, tiene su cuento con moraleja, pero ¿y el pato? ¡El pato! Mejor le hubiera ido como consomé, ese maldito danés con nariz de ganso…

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Una vida de humillaciones, una vida de rechazos. Al menos entre los patos su mamá lo quería, acá no es feo pero es extraño, le temen. Es un inmigrante y en realidad no tiene muchas opciones, ¿amigos? De esos no va a tener pronto, pero él conoce lo mejor de dos mundos, y como aprendió, lo mejor no necesariamente es lo bueno. Aprendió como ser malo, conoce trucos que nadie sabe y ya tiene una imagen que sobresale donde sea. El pato pronto aprendió que, de entre los caminos de la vida él ya había pasado por dos, el bueno, el malo, y ahora le faltaba recorrer el correcto. Su exilio lo llevó a ver el mundo y pocos lo conocían como él. Poder, eso es lo que tenía…

Poco trabajo le costó asociarse con la baja sociedad del lago, renacuajos y arañas primero, ratones mojados y mapaches exiliados después; poco tiempo le tomó hacerse del control del mismo, muy pronto la policía lacustre comía de las migajas que el dejaba. Sus aventuras por el mundo le redituaron en un contacto con la mafia felina de los alrededores, nadie se atrevía a meterse con el pato guapo que termino siendo un cisne feo. El padrino del lago, nada ocurre sin que el pato que reina sobre los cisnes, y todo lo demás, lo sepa. Tiempo después, incluso los humanos que remaban ahí los 14 de febrero aprendieron que había que llevar tributo. Al fin tenía el respeto que siempre le negaron.

Aunque las hembras cisne se le arrojaban a las patas, él se acabo casando con la princesa de los patos. Ella le dio 3 huevos, cada uno contenía a un pato mas feo que el otro. Él no podía ser más feliz, su dinastía estaba asegurada.

Durante un tiempo los gatos engordaron, sus detractores desaparecieron. Cuando la estabilidad fue alcanzada, el pato se convirtió en un gobernante justo y en un padre devoto, días antes de su muerte sus hijos le comentaron como Hans Christian Andersen habría muerto en su cama por “causas desconocidas”. El pato murió feliz sabiendo que había hecho con su vida más que lo que le marcaba el destino.

La leyenda del pato feo que reino sobre los guapos con ala de hierro y un toque de esquizofrenia, sigue viviendo y la estatua de Hans Christian Andersen en Copenhague es un baño público para las palomas.

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Moraleja: Las historias no siempre acaban en el último punto.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Así debió ser siempre.

No es para tanto.

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